La Vitalidad del Sindicalismo en la Gestión Organizacional
En la dinámica actual de las organizaciones, tanto privadas como públicas, el relacionamiento sindical es un pilar fundamental para la gestión, el equilibrio laboral y la defensa de los derechos de los trabajadores. El sindicalismo en Colombia goza de un marco político, normativo y social favorable que promueve una gestión más incluyente, garantizando derechos como la libertad sindical y la negociación colectiva. Esto permite a los sindicatos participar activamente en la construcción de ambientes laborales justos y equitativos, como lo establece el Artículo 467 del Código Sustantivo del Trabajo.
El Impacto Positivo y la Carga Operativa
Las solicitudes de las organizaciones sindicales ejercen una presión positiva sobre la gestión pública. Actúan como veedores, promueven el diálogo constructivo y, en entidades como el SENA, garantizan que la comunidad educativa obtenga respuestas y beneficios de manera rápida y efectiva.
Sin embargo, esta presión y el volumen de respuestas requeridas tienen una doble cara. A menudo, incrementan significativamente la carga operativa de directores y jefes de área, obligándolos a gestionar múltiples solicitudes y trámites con tiempos limitados. Esta sobrecarga puede traducirse en jornadas extensas, estrés acumulado y ansiedad, al tener que cumplir simultáneamente con las expectativas institucionales, las demandas sindicales y el desarrollo de sus tareas cotidianas.
Paradójicamente, la misma gestión que busca fortalecer la transparencia y el diálogo puede profundizar el desgaste emocional de quienes lideran los procesos dentro de la organización.
El Círculo Vicioso del Agotamiento y el Deterioro Organizacional
Es crucial entender que la salud mental de los directores y jefes no es un aspecto aislado; está directamente ligada al bienestar socioemocional de todos los colaboradores.
Cuando estos líderes experimentan agotamiento, la calidad de la atención y la gestión que brindan a sus equipos se deteriora, generando un círculo vicioso donde la productividad y el clima organizacional se ven afectados negativamente. Por ello, se hace indispensable analizar cómo las demandas sindicales se articulan con la capacidad real de respuesta del personal, evitando que la búsqueda de equidad laboral se convierta en una fuente de estrés desproporcionado para los cargos de liderazgo.
Hacia una Gestión Sindical Sostenible y Consciente
La institucionalidad debe esforzarse por promover un equilibrio que garantice la atención oportuna de los requerimientos sindicales sin imponer cargas desproporcionadas. Esto requiere:
Diseñar Protocolos Claros: Establecer mecanismos y canales de comunicación que permitan planificar y organizar las respuestas de manera eficiente.
Distribución de Responsabilidades: Asegurar una repartición equitativa para que la gestión no recaiga solo en unos pocos.
Fomentar el Diálogo: Crear espacios de conversación que permitan entender y abordar las limitaciones de tiempo y recursos.
Solo mediante esta gestión integral será posible asegurar que la actividad sindical, esencial para la democracia en el trabajo, no se convierta en una fuente de afectación para la salud de quienes sustentan los procesos misionales.
La Salud Mental como Prioridad Sindical y Organizacional
Es esencial visibilizar y sensibilizar sobre la importancia del cuidado mental en todos los niveles. Las políticas públicas y sindicales deben incluir medidas de prevención y apoyo psicológico, tal como lo exige la Resolución 2404 de 2019 del Ministerio de Trabajo, que obliga a evaluar los factores de riesgo psicosocial.
En este sentido, las organizaciones sindicales también están llamadas a validar las necesidades de todos los niveles —asistencial, operativo, profesional, instructor y directivo—, reconociendo el derecho a la desconexión laboral y la prevención del estrés laboral.
En conclusión: Si bien el relacionamiento sindical es vital para la participación y la defensa de derechos, se hace urgente construir mecanismos que permitan una gestión más humana y consciente. El bienestar de todos los actores organizacionales debe ser considerado la base para una labor institucional sostenible y justa.
